El aborto en Chile al desnudo

14 DE OCTUBRE DE 2013

Informe UDP revela los detalles de una práctica clandestina

Este martes se presenta la investigación de la Universidad Diego Portales sobre la situación de los Derechos Humanos en el país. El capítulo referido a la penalización del aborto es uno de los más impactantes. El resultado es una cruda muestra de cómo las mujeres quedan expuestas a una serie de riesgos cuando deciden abortar en Chile. Acá presentamos un adelanto del capítulo.

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A fines del año pasado las abogadas Lidia Casas y Lieta Vivaldi comenzaron a investigar las distintas aristas que tiene la situación actual del aborto en Chile.

Entrevistaron –bajo estricta reserva de identidad– a más de 40 mujeres que se realizaron abortos, a sus parejas, a enfermeras y doctores. El resultado es una estremecedora radiografía del mundo clandestino del aborto en Chile y los graves riesgos a los que se expone una mujer cuando decide abortar.

En esta investigación –financiada por la UDP–  quedan al descubierto los riesgos extremos a los que se someten las mujeres que quieren practicarse un aborto en el país. El mercado negro del misoprostol, el chantaje, aprovechamiento y estafas, el riesgo a la muerte, la complicidad  y la desconfianza por la persecución penal, conforman el universo clandestino del aborto en el cual las certezas son escasas y donde la mujer está en constante riesgo.

“Siempre ha habido un capítulo sobre derechos reproductivos, pero esta vez tomamos la decisión de hacerlo sólo sobre el precepto de la penalización como violación a los Derechos Humanos de las mujeres”, cuenta Casas.

Otro médico entrevistado recordó que, entre las mujeres a quienes había asistido por el uso de misoprostol, tres de ellas se enfrentaron a dos tipos de cobro: al pago inmediato en efectivo del aborto y que luego el médico exigiera un segundo pago: sexo oral.  Las tres mujeres no accedieron al requerimiento y perdieron su dinero.

La conclusión de este capítulo es clara: “Es necesario despenalizar el aborto. La penalización del aborto constituye una violación al derecho humano de las mujeres”, dice Casas.

A continuación, publicamos un adelanto del capítulo “La  penalización del aborto como una violación a los derechos humanos de las mujeres”, del Informe Anual sobre Derechos Humanos en Chile 2013:

LAS PRÁCTICAS EN UN CONTEXTO DE ILEGALIDAD

La ilegalidad facilita la exposición de las mujeres a abuso por parte de quienes hacen del aborto una práctica lucrativa. Los resultados de las entrevistas a mujeres mostraron rangos de precio para un aborto entre los 40.000 y los dos millones y medio de pesos. Un entrevistado médico relata que, de acuerdo a lo que sabe, a mayor edad gestacional del embarazo mayor es el costo, refiriéndose a una relación precio/semanas de gestación. Otro médico entrevistado recordó que, entre las mujeres a quienes había asistido por el uso de misoprostol, tres de ellas se enfrentaron a dos tipos de cobro: al pago inmediato en efectivo del aborto y que luego el médico exigiera un segundo pago: sexo oral.  Las tres mujeres no accedieron al requerimiento y perdieron su dinero.

El precio del misoprostol en el mercado negro fluctúa entre 40 a 120 mil pesos. Como señalan las entrevistadas, su acceso está controlado por verdaderas mafias. A ello agregan que, por tratarse de una compra clandestina, no tienen seguridad acerca de lo que están adquiriendo. Una enfermera entrevistada pudo percatarse de que le estaban intentando vender pastillas falsas. Ella también recuerda la poca claridad y falta de información respecto a la dosis adecuada para abortar. Una voluntaria del Fono Aborto nos indicó en una entrevista que una de las preguntas más habituales de quienes llaman a la línea es cómo y dónde comprar el medicamento, ya que existe entre las mujeres una gran preocupación por posibles fraudes o entregas de pastillas falsas. Esta percepción se corrobora en los relatos a las entrevistadas.

Cinco profesionales de la salud entrevistados han colaborado en la orientación y acompañamiento a mujeres para el correcto uso del medicamento. Ninguno de ellos cobra por la orientación; tres de ellos en algunas ocasiones proveen el medicamento cuando las solicitantes no han podido conseguirlo o no tienen dinero para ello. En general, las mujeres adquieren el medicamento por su cuenta. Uno de los entrevistados nos señaló que lleva la cuenta del número de mujeres a quien ha asistido, 87, a lo largo de varios años. En un caso dio apoyo pos aborto a una paciente que tenía un fuerte deseo de maternidad, pero rechazaba la idea con la pareja que tenía, no quería estar ligada con él por el resto de la vida.

La elección del método está vinculada directamente con la clase social, los recursos financieros y la  información disponible, especialmente en la Web. El factor más importante para decidirlo son los datos que se obtienen a través de redes de amigas o conocidos o Internet. Una de las entrevistadas contó cómo, en su búsqueda de información para hacerse un aborto, encontró la descripción sobre distintos medios: masajes orientales, hierbas y el misoprostol. Algunas entrevistadas señalaron que, si no hubieran sabido de alguna conocida que hubiera abortado, no habrían sabido dónde buscar o cómo hacerlo.

Una mujer de 20 años relata que se enteró a las 4 semanas de embarazo y que luego de ello empezó a buscar información con amigos por Internet para el misoprostol, pero cobraban entre 70 y 100 mil pesos, lo que era muy caro, como estudiante, sin muchos recursos económicos. Además, los contactos tampoco eran seguros y no sabía qué pastillas me iba a meter en el cuerpo ni tampoco tenía claridad sobre la dosis. Finalmente, con un amigo que trabaja en un colectivo de diversidad sexual, llegamos a personas expertas en el tema que me ayudaron a conseguir las pastillas y a informarme sobre dosis y procedimiento.

Llegar a un médico es una cuestión azarosa. En el caso de una entrevistada, su ginecólogo de cabecera le dijo que le podía ayudar a hacerlo con medicamentos cuando ella le contó que no quería tener otro hijo. El ginecólogo de otra, que era contrario al aborto, la derivó a un colega que sí los hacía y en quien confiaba plenamente desde el punto de vista médico. Una tercera mujer se realizó el procedimiento con un médico, quien, cuando este se dio cuenta que ella era hija de un personaje público, subió el precio y le exigió pagar una cantidad extra de dinero como chantaje para no hablar.

En las entrevistas se muestra que las mujeres que conocen distintas prácticas abortivas eligen el método de acuerdo a su experiencia personal y teniendo en cuenta la seguridad de este. Una entrevistada hizo una reflexión sobre el aborto seguro: como no podía decirle la verdad al doctor, pa’ que no me metieran presa, pasé más riesgo. Eso me molestó mucho, no tener la libertad para cuidarme como correspondía [...] además me dio rabia que mi amiga pudo pagar y estuvo bien cuidada [...] por no tener plata no pude acceder a la medicina privada de cierta calidad. Es violento que por ser pobre uno vaya al matadero.

Cinco entrevistas refirieron haberse sometido a prácticas de raspado o aspiración sin anestesia.

por BASTIÁN FERNÁNDEZ

Fuente: http://www.elmostrador.cl

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