El aborto en Chile al desnudo.

14 DE OCTUBRE DE 2013

Informe UDP revela los detalles de una práctica clandestina

SOLEDAD, SILENCIO Y DESAMPARO

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En algunos casos el silencio es impuesto por sus familias mediante la frase, repetida por dos mujeres de entornos muy católicos: de esto (el aborto) no se habla nunca más. Es un mensaje de castigo al olvido, como dijo una, por haberse quedado embarazada, incluso cuando la decisión del aborto fue impuesta por la madre y no fue tomada por la mujer. El aborto resuelve un problema, el embarazo que daña la reputación familiar.

El silencio y la soledad están presentes en los relatos de muchas mujeres. En algunos casos el silencio es impuesto por sus familias mediante la frase, repetida por dos mujeres de entornos muy católicos: de esto [el aborto] no se habla nunca más. Es un mensaje de castigo al olvido, como dijo una, por haberse quedado embarazada, incluso cuando la decisión del aborto fue impuesta por la madre y no fue tomada por la mujer. El aborto resuelve un problema, el embarazo que daña la reputación familiar: Mi mamá me llevó a escondidas de mi papá, y lo supe después, los motivos eran la vergüenza, ella es “del qué dirán” y yo accedí para que no pasaran vergüenza… todo fue impuesto: la sexualidad impuesta, el aborto impuesto y luego el silencio. En otro relato, la condena al silencio fue impuesta para mantener en reserva la persecución penal que sobrevino al aborto y no dañar la reputación familiar. Pese al tiempo transcurrido, 20 y 10 años respectivamente, ambas mujeres no han vuelto a hablar del aborto con sus respectivas madres.

Otra entrevistada refirió que su madre se dio cuenta de que estaba embarazada. Mi mamá me enfrentó y no pude negarlo. Me dio el dinero que faltaba y otro dato para hacerme el aborto con una persona de su confianza y después de eso nunca más me preguntó nada.

Hay silencios que implican un sobreentendido del aborto. Una entrevistada que abortó en provincia tuvo complicaciones debido a una infección y acudió a un hospital. En la urgencia la recibió su primer ginecólogo y le dijo “revisé tu ficha y estás embarazada”, y ahí mi mamá le dijo “no, ya no está embarazada” y vino el silencio. Nuestra entrevistada se acuerda de los silencios, ese “ah…” tan cargado de cosas. La mamá le prohibió volver a hablar del tema y recuerda haber llorado mucho, no haber tenido nadie que la abrazara, ni que le dijera qué iba a pasar. Se sentía como un perrito.

El silencio producto de la ilegalidad impide tomar medidas respecto del abuso o maltrato que se impone a las mujeres, como, por ejemplo, el de los médicos que hacen el aborto. En dos casos, les exigieron silencio y que no lloraran mientras estaban en la camilla, pues, según les dijeron, habían asumido voluntariamente el riesgo del embarazo. En otro caso, el médico reclamó que faltaban 10 mil pesos y amenazó con no realizar el aborto. Una mujer cuenta que su aborto fue sin anestesia y que se desmayó tres veces por el dolor. El doctor le dijo que, si se desmayaba nuevamente, no le iba a realizar el aborto.

El sentimiento de soledad de una entrevistada le provocó gran sufrimiento. Cuando se le comenzaban a pasar los dolores, lloró por mucho rato porque se sentía muy sola. No quiso compartirlo con nadie, tenía 5 hermanas que podrían haberla acompañado o cuidado, pero no quisomanchar su imagen ni que le hicieran sentir que había fallado. Han pasado 9 años desde que abortó y la entrevista constituye la primera vez que habla del tema.

EL ABORTO, LA PAREJA Y LOS OTROS

Las experiencias de las entrevistadas dan cuenta de historias de apoyo o rechazo de las parejas, la familia y los amigos.

Una entrevistada agradece el apoyo familiar, el de su pareja y amigo, que alivió la angustia causada por tener que actuar de manera clandestina. Ella recuerda que, en los días posteriores al aborto, tuvo un control en la misma clínica donde se lo había hecho. Fue con su pareja y ahí vio a una chica de su edad quien estaba con su mamá y lloraba desconsoladamente. Me acuerdo de la sensación de querer hablarle, de decirle que pasé por lo mismo y que ahora me siento súper bien. Se acuerda la impresión que le causó el llanto porque el de ella había sido apoyado, más contenido y eso marca una gran diferencia.

Un relato describe cómo la decisión de abortar fue discutida por toda la familia: Se convocó a unaespecie de comité familiar, con mi padre, madre y sus parejas, y me presionaron mucho para que no lo tuvieran, me dijeron que me quitarían todo apoyo económico. La entrevistada lo pensó, lloró. Su pareja no era muy estable. Hoy agradece la presión que recibió, porque no se sentía preparada para arreglárselas sola.

Una mujer acompañó y apoyó a su hija de 16 años que decidió abortar. No le contaron al padre de la niña porque es muy conservador y machista; hasta el día de hoy es un secreto entre las dos. Ella pagó a un médico en una clínica 2 millones de pesos que consiguió con un amigo a quien le pidió un préstamo. Ella había quedado embarazada a los 17 años y no tuvo los medios para abortar. Se casó y nunca fue feliz. Por eso, no dudó en apoyar a su hija cuando ella le pidió ayuda y enfatizarle que no tenía responsabilidad. Hoy ayuda a mujeres que quieren abortar, siente que es fundamental ser solidaria en estos casos. Otras dos mujeres no le contaron ni buscaron apoyo en sus madres, ya que estas deseaban ser abuelas. Una de las entrevistadas simuló un aborto espontáneo: yo era la última esperanza de mi mamá, tengo un hermano solterón, otro gay y yo tengo 34 años.

En otro caso, una mujer que esperaba apoyo fue reprendida por un médico amigo al que le comentó que quería abortar. Este la trató de asesina.

LA SOLIDARIDAD

Los relatos dan cuenta de las fuertes cadenas de solidaridad que se generan entre mujeres. Treinta y dos de 41 entrevistadas, luego su experiencia, ayudan a otras mujeres: dando datos o consejos, incluso pidiendo a familiares comprar el misoprostol en otros países para ayudar a quien lo necesita. Una entrevistada aprendió a poner inyecciones para ayudar a abortar con prostaglandina: lo hago gratis y me quedo todo un día y noche con las mujeres, ya que el medicamento provoca no sólo el sangramiento y dolor del útero sino también una descomposición total del cuerpo con diarreas muy fuertes, mareos y vómitos. Otra nos dijo que si fuera millonaria tendría un fondo de viajes para que las mujeres pudieran salir del país.

La experiencia de solidaridad con los amigos y amigas es importante por el apoyo afectivo y también económico, aun cuando alguno no esté de acuerdo con la decisión. Algunos amigos ayudan a juntar el dinero para el aborto cuando no lo hay. Una mujer universitaria cuenta que quedó embarazada de una relación pasajera porque se rompió el preservativo y falló la píldora del día después. Recuerda que fue una experiencia bonita que ella luego quiso replicar con amigas, ya que la solidaridad que vivió fue fundamental en su proceso, pues la persona con quien se quedó embarazada no estaba de acuerdo con su decisión y no aportaría dinero para ello.

(…)

LOS CONTEXTOS DE LA DECISIÓN DEL ABORTO

Las entrevistas dan cuenta de los contextos en que se vivencia el deseo o el rechazo de la maternidad. Este último se produce por múltiples causas: ya sea porque la maternidad no es un proyecto de vida o porque no es oportuna, porque el embarazo fue producto de una violación, porque sus parejas son violentas y no quieren tener hijos con ellos, porque gestan malformados o los gestarán por los medicamentos que toman, porque los hombres optan por no asumir la paternidad y no quieren tenerlo solas, o porque–siendo madres– ya no desean otro hijo. En tres relatos aparece la decisión del aborto en el momento de quiebre con sus parejas.

Una relató que el embarazo no era para ese momento de su vida: El doctor me hizo escuchar los latidos. Después de la eco empecé a crear un lazo, físicamente además tenía síntomas así que era raro, le hablaba a la guagua, le decía que no era nada personal sino que no era el minuto, que mejor se devolviera y buscara otra persona, le hablaba, le decía el murcielaguito.

El embarazo por falla del anticonceptivo aparece una y otra vez en los relatos, tal como la rotura del condón o el mal uso de este, y también el descuido. Es igualmente frecuente que, ante la falla del condón o el descuido de una relación sexual sin protección, las mujeres hayan usado la anticoncepción de emergencia. Algunas aún están enojadas consigo mismas por haberse expuesto al riesgo del embarazo y lo consideran como una señal de ausencia de autocuidado.

Una mujer con múltiples abortos tenía indicación médica de no tomar anticonceptivos orales. Intentó con un dispositivo intrauterino, pero, como ella dice, terminó en una infección. Usa en forma combinada Billings y condón, pero sabe que, al no ser disciplinada, puede quedarse embarazada. Su último aborto ocurrió 8 meses antes de la entrevista. Ella tiene dos hijos.

Otra mujer, usuaria del sistema público de salud, quedó embarazada tres veces tomando anticonceptivos orales: tuvo un aborto clandestino y luego dos abortos espontáneos, uno de ellos retenido. En el consultorio finalmente le cambiaron las pastillas. Otra había usado un dispositivo intrauterino: Me hizo pésimo, me lo sacaron, pero en el consultorio no me dieron nada.

Varias mujeres de estratos económicos bajos, hoy estudiantes universitarias, se refirieron a la importancia de la legalización del aborto para mujeres de poblaciones y sectores populares. Una de ellas señaló que: entre mis amigas de adolescencia, los hijos se tienen, no se cuestionan incluso, y recuerdo a una compañera de liceo que tuvo un hijo producto de la violación de su padre. La maternidad termina las proyecciones y el mundo parece acabarse. Una de ellas decía que la maternidad en sectores populares es una de las razones por las cuales las mujeres se quedan en relaciones violentas y altamente tóxicas.

Otra reflexiona acerca de la importancia de haber roto la cadena de embarazos no deseados en su familia, ya que, como dice, ocurrieron porque ocurrieron. El “quedé embarazada” posiciona a la mujer como víctima. Las mujeres dicen “mi vida se estancó, dejé de hacer cosas”, entonces la maternidad ahí se asume como de una mujer abnegada donde su lugar de mujer ha sido desplazado por el de madre. Vivir el aborto me hizo darme cuenta de que, cuando sea madre, si es que lo sea, será porque lo decida, no porque la vida me condene.

Una entrevistada dijo: Es relevante la posición subjetiva de la mujer, sentir que una pueda decidir en algún punto, que hay un nivel de determinación sobre tu vida, lo que quieres de tu futuro, lo que quieres para ti y además lo que quieras esperar para tu hijo, cómo te gustaría ser madre. Eso está súper cruzado por las biografías de cada uno. Otra señala: Mi tía era matrona y me decía “qué buena noticia, ahora vas a ser mamá” y lo único que quería era sacarme eso o morirme. Como no estaba haciendo nada con mi vida, sabía que si tenía guagua nunca iba a poder armarla.

El ser madres es una condición que determina a varias a no tener más hijos. Así lo dicen dos entrevistadas que trabajaban y estudiaban teniendo un hijo pequeño y sin los recursos económicos adecuados. La maternidad deseada marca los relatos: No creo en la vida por la vida y en la vida porque sí, así funcionan otros animales. Pero, si los seres humanos tienen consciencia, uno tiene que tener la opción de elegir si quiere hacerse cargo de guiar a otro ser humano y un niño debe ser muy deseado, muy querido, gran parte de la desgracia de la humanidad es por los hijos obligados.  Un hijo tiene que ser deseado… en ese minuto no lo deseaba y mi pareja menos, no tenía ninguna capacidad [de tenerlo]. Estaba en una situación demasiado disfuncional como para tener un hijo. No tenía como mantenerlo tampoco, era una situación donde no había muchas opciones. No tenía tampoco una pareja que me apoyara, él me decía que no quería tener hijos y a mí también me importaba mi carrera, un hijo significaba perderla.

Pese al miedo a morir, todas señalan que la decisión de la interrupción de un embarazo es contextual: es ante situaciones concretas que una mujer decide si continuar o no con un embarazo. Incluso aquellas que fueron obligadas a abortar, o que sienten que sus decisiones no estuvieron exentas de presiones, creen que las mujeres deben decidir.

 

por BASTIÁN FERNÁNDEZ

Fuente: http://www.elmostrador.cl

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